viernes, 28 de junio de 2013

Grandes matemáticos desconocidos: Lobatchevski

Leyendo una historia de la matemática, he tropezado con la biografía de Nikolai Ivanovitch Lobatchevski (1792-1856). Llama la atención la apertura de miras de este singular matemático, más aún si se tiene en cuenta su carácter.

La vida de Lobatchevski podía haber sido muy distinta: su padre murió cuando él tenía siete años, la familia se mudó a Kazan (al borde de Siberia) y allí él obtuvo una beca para estudiar en el "gimnasio" (la escuela). Destacó, entró en la universidad, y allí se quedó. Fue catedrático y rector; querido y admirado; finalmente, se le apartó de los cargos importantes y se le dio un puesto honorífico y vacío. Murió ciego, habiendo escrito y dictado una nueva geometría.

La capacidad de orden y organización de Lobatchevski era tremenda. Daba clases de matemáticas, pero también de física, astronomía, topografía... Para unas obras que hubo que hacer en la universidad, aprendió arquitectura... y se acabaron los trabajos con menos dinero del previsto.

Cuando la peste llegó a Kazan, reunió a alumnos y profesores en un edificio, sellando puertas y ventanas, y manteniendo un mínimo contacto con el exterior; la mortalidad en ese grupo afortunado fue muchísimo menor que la de la población general. Lobatchevski observó, dedujo y ejecutó un plan de acción que funcionó.

En geometría, dio el paso de la geometría euclidiana a la no euclidiana. Pocos entendieron, y no fue hasta después de su muerte. Es un salto.

Euclides explicó cómo funciona el plano. En el plano, los ángulos de un triángulo suman 180º. Dos líneas paralelas no se cruzan, siguen rectas, siempre adelante, una al lado de la otra.  Y así sucesivamente: reglas que ordenan una superficie lisa. La geometría de Euclides sirve para un montón de cosas... pero no le sirve, por ejemplo, a una hormiga para caminar por encima de una naranja. 

La hormiga va por encima de un plano pero, al tratarse de una superficie curva, un triángulo dibujado en la misma tiene ángulos que suman más de 180º. Y para ir de un punto a otro del área de una esfera, la línea recta no es una opción (a no ser que quieras excavar un túnel a través de la piel y la pulpa de la naranja). Hay que seguir un cierto recorrido por la superficie.


Lobatchevski entendió esto y muchísimo más. Me lo imagino en una ciudad congelada, pasando los inviernos entre apuntes y esquemas, inventando geometrías incomprendidas. Una mente recta, doblando planos más allá de lo establecido.





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