lunes, 30 de abril de 2012

Pasar una tarde divertida

Hace poco que he aprendido a hacer varias cosas:

Polígonos y estrellas con hilorama:


Fractales recortables: triángulo de Sierpinski, conjunto de Cantor y escalera fractal. 


Trenzas, de hasta ocho hebras:


Poliedros de origami modular:



Además de ser entretenidos, estos pasatiempos son relajantes, creativos y me ayudan a desarrollar la paciencia. ¡Muchas gracias a José Luis Rodríguez Blancas y Jaume Coll por enseñarme estas maravillas!

Si os apetece probar, aquí tenéis unos enlaces que explican la parte técnica:

Es el magnífico blog de José Luis Rodríguez. Aquí encontrarás las trenzas, los fractales de papel y un hilorama E8… y muchísimo más. Topología explicada de forma clara, con apoyo de videos y fotos.

Escribe "origami modular" en un buscador, y descubre las diferentes maneras de crear poliedros a partir de piezas de papiroflexia.

El Ocho


Viniendo de la total abstracción que el Siete representa, con el Ocho volvemos a algo más terrenal. El Ocho tiene relación con el Cuatro y con el Dos, de manera que es un número sólido y firme, asentado de pleno en la dualidad.

Dibuja un octógono, es fácil a partir de un cuadrado. También se puede hacer a partir de dos círculos, y cuatro más.

Para los griegos, era un número “justo”, ya que se podía repartir, en sucesivas mitades, hasta llegar a la unidad, al Uno. También tiene otra propiedad compartida con éste: es cúbico. Esto significa que 2x2x2 son 8, igual que 1x1x1 es 1. Son los dos únicos números cúbicos que hay dentro de la década, del Uno al Diez.

Aunque a ojos occidentales el Ocho no parezca tan atractivo como su predecesor, en Oriente se lo considera un número de la suerte. Existen las ocho nobles virtudes del budismo y los ocho trigramas del Yijing
Vemos ejemplos de ocho en muchas iglesias: para pasar del Uno de la cúpula esférica al Cuatro de la planta cuadrada, se usa una estructura de ocho lados.

Las arañas tienen ocho patas, y se dedican a tejer la trama del universo; hay muchos mitos al respecto. También los pulpos y algunas medusas tienen ocho tentáculos.

La escala musical tiene siete notas que desembocan de nuevo en la primera al completar una octava. Por eso, el Ocho es sinónimo de renovación, de vuelta de tuerca.

Esta renovación se observa también en la octava columna de la tabla periódica. En ella viven los átomos más estables, los gases nobles, que ocupan la columna VIII porque tienen 8 electrones en sus niveles exteriores. Ese hecho hace que un átomo no necesite nada más, no tenga tendencia a soltar o adoptar electrones, ya que dispone en sí mismo de una total estabilidad. A medida que avanza la tabla, cada cierto número de elementos, se vuelven a dar las condiciones para que surja un gas noble. Helio, neón, argón, kriptón, xenón, radón son las sucesivas octavas de esta periodicidad: la del Ocho.

Investiga la configuración electrónica de los gases nobles, cómo rellenan su nivel exterior con un orbital “p”, donde caben 6 electrones, y uno “s”, donde caben 2.

El ajedrez es otra manifestación del ocho. Dos jugadores (2), un cuadrado (4), ocho filas y columnas (8x8), ilustran un combate entre luz y oscuridad, que tiene lugar en la Tierra (cuadrado), a través de los ocho movimientos posibles (delante, detrás, a derecha, a izquierda o en las 4 diagonales). Las diferentes figuras que pasean por el tablero tienen diferentes posibilidades de movimiento, desde el peón (1 posibilidad, y otra más en caso de amenaza), hasta el rey (8 acciones posibles). Hay millones de jugadas, la complejidad que se despliega en el tablero es inconmensurable.

Investiga el simbolismo que hay detrás de cada pieza del ajedrez, y de cada tipo de movimiento (siguiendo la vertical o la horizontal el cuadrado; siguiendo las diagonales del cuadrado; o saltando, como el caballo). El ajedrez es una explicación de realidades no visibles, representadas en un juego que podemos percibir, tocar.




El diagrama del contador de arena


Este esquema, en apariencia sencillo, permite dividir un segmento en porciones “fáciles”, como la mitad, el tercio o el cuarto, y también en otras más complicadas de calcular, como la séptima o la onceava parte.

El nombre del diagrama proviene de un libro de Arquímedes, en el que el famoso filósofo intentó contar los granos de arena del universo, después de deducir que se trataba de una cifra finita, aunque gigantesca. 

Fue Malcolm Stewart quien bautizó a este diagrama, después de estudiarlo largamente.

Para dibujarlo, partimos de un segmento y lo transformamos en cuadrado, trazando luego las líneas necesarias para formar cuatro triángulos, así:


Nos queda, pues, este diagrama, llamado "el diagrama del contador de arena", o también "el corte de la estrella" ("the star cut"):


A partir de él, podemos trazar otras líneas que nos brindarán las proporciones siguientes:

-La mitad, el cuarto

-El tercio

-La séptima parte

-La onceava parte

Este diagrama esconde muchos más secretos, y es muy fácil de dibujar.

Prueba a dibujarlo, a partir del cuadrado, y encuentra más proporciones en su interior.

jueves, 12 de abril de 2012

El triskel


Esta forma se llama triskel. Se dice que es de origen celta. Es una rueda de ruedas, está relacionada con el Uno y con el Tres. Por lo tanto, tiene que ver con un ciclo (dado que su forma es redonda) y con una trinidad (hay quien explica el triskel como un nacer-morir-renacer). Lo encontraréis en muchos edificios, en forma de ventana.

Nota su energía. Puedes usarlos para armonizar un espacio, poniéndolos donde sientas que hacen falta.

El Siete, la virgen


Hasta ahora, los números que hemos ido conociendo han sido “posibles”. El Siete nos lleva a territorio imposible, aunque real.

En griego antiguo, no había un conjunto de signos para representar a los números, sino que las letras eran también cifras. De modo que una palabra podía leerse así: “Atenea” o así: "77". Establecer relaciones entre palabra y número era mucho más fácil, casi automático.

El número Siete se asocia, precisamente, a Atenea. Esta diosa nació el día que a su padre Zeus le dio tal dolor de cabeza (después de haberse tragado a su mujer, Metis) que el herrero tuvo que darle un hachazo en el cráneo. De la brecha salió, adulta y vestida para la guerra, Palas Atenea Partenos.

Atenea es una diosa especial, por haber nacido ya completa. No se casó, y siguió siendo virgen toda su vida, de ahí que fuese llamada “Palas”  y “Partenos”, que quieren decir “doncella” y “virgen”. El nombre de Atenea, también escrito Atene y Atana, podría provenir de a-thanos, “sin muerte”: eterna.

¿Por qué el Siete es un número “imposible”? Se puede, con lápiz, regla y compás, dibujar un polígono regular de tres, cuatro, cinco o seis lados. Nos costará más o menos, pero se puede. Sin embargo, no hay forma de dibujar un heptágono exacto. Igualmente, veremos que no hay manera de  “apresar” el concepto del Siete: es escurridizo, está en el mundo pero no se deja ver directamente.


Hay siete colores en el arco iris. Hay siete días en la semana, que corresponden con siete cuerpos celestes: Lunes (Luna), Martes (Marte), Miércoles (Mercurio), Jueves (Júpiter), Viernes (Venus), Sábado (Saturno) y Domingo (Sol). Hay siete estructuras cristalinas, siete y no más. Hay siete notas en la escala musical. Hay Siete chakras o centros energéticos principales.

Busca el Siete. En la naturaleza es poco probable encontrarlo directamente; aun así, búscalo. Para muchas personas, es un número de la suerte, y hay muchos nombres de libros, películas, etc, que lo contienen.


El Siete es esencial, y a la vez abstracto. Miremos una estrella heptagonal, y notaremos que nuestra mirada no puede quedarse quieta, es como si estuviese buscando una lógica que se le escapa. Como el arco iris, que no puede ser alcanzado y atravesado, ya que siempre queda un poquito más allá.


Grandes matemáticos desconocidos: los creadores de Stonehenge


Los matemáticos más conocidos para un europeo suelen ser los de su tradición: la occidental. Claramente, los griegos quedan dentro de esta línea. Los egipcios, con su alfabeto curioso y sus pirámides, no tanto; por algo se llama “jeroglífico” a un dibujo complicado, que hay que descifrar.

La cuestión es que hay muchos matemáticos desconocidos, especialmente los de las culturas más alejadas, sean en el espacio o en el tiempo. Esta vez nos centraremos en los matemáticos/físicos/astrónomos que construyeron un círculo megalítico en la isla de la Gran Bretaña, entre la Edad de Piedra y la de Bronce (entre el 2.400 y el 1.700 a.C). Hablamos de Stonehenge.

El hecho de que Stonehenge no venga con una explicación, dado que se considera prehistórico (y, por tanto, anterior a la escritura) no nos tiene que molestar. Mirándolo matemáticamente, observando sus proporciones y orientación, tendremos información de sobra para admirarlo debidamente.

De esta forma, vamos a dejar de lado las incógnitas de quiénes fueron sus arquitectos, para concentrarnos en lo que llevaron a cabo, en la obra en sí misma.

Stonehenge consistió en varios círculos concéntricos de enormes piedras rectangulares, coronados por otras piedras en forma de arco de circunferencia; estos círculos tenían dentro otra construcción en forma de herradura. En el interior de la herradura hay una piedra que se ha llamado el “altar”. Hay que decir que hoy día esta estructura está desfigurada, puesto que muchas de las piedras no están, o están caídas.

El origen de algunas de las piedras se ha podido determinar: vinieron de los montes Preseli, en Gales. La distancia es enorme, las dificultades para transportarlas serían considerables aun a día de hoy. Lo más increíble de esta cuestión es lo siguiente: si trazamos una línea de Stonehenge a Preseli, y consideramos que es la hipotenusa de un triángulo rectángulo, podemos entonces encontrar la otra punta de dicho triángulo: cae exactamente en la isla de Lundy. En concreto, en una colina al norte de Pondsbury, donde hay… un pequeño círculo de piedras. El nombre antiguo de la isla es Ynys Elen: Elen quiere decir “codo”: ¿el ángulo recto del triángulo?
El triángulo tiene unas dimensiones muy precisas: 13:12:5. Es uno de los llamados “triángulos pitagóricos” porque, siendo un triángulo rectángulo, sus lados son números enteros.

De modo que la localización de Stonehenge parece fijada, no sólo por el monumento en sí mismo, sino por la posición respecto de su cantera. El mismo triángulo, de proporciones 13:12:5, aparece también inscrito en el círculo exterior, del cual hoy sólo quedan vestigios. En la siguiente fotografía, aparece doblemente dibujado, en un rectángulo:


Así, queda claro que quienes construyeron Stonehenge conocían, al menos, el teorema de Pitágoras (que aún no había nacido).  ¿Qué más sabían? Pues también podemos afirmar que sabían cuadrar el círculo.

La cuadratura del círculo es uno de los enigmas matemáticos más estudiados. ¿Es posible construir un cuadrado cuyos lados, sumados, den lo mismo que una circunferencia? Eso querría decir que la circunferencia y el cuadrado tendrían el mismo perímetro.

La respuesta, después de largos siglos, se hizo evidente: no. No se puede cuadrar el círculo. El círculo tiene que ver con el número Uno, y con la proporción Π, que rige la relación entre la circunferencia y su diámetro, y que es un número irracional, de infinitos decimales no periódicos. Por eso no se puede cuadrar un círculo.

Pero eso no quiere decir que no podamos intentarlo. De hecho, muchas iglesias y templos incorporan la cuadratura del círculo en su planta. Es una forma de decir: “el cielo en la tierra”; el Uno (la redonda) en el mundo, la materia,  el Cuatro (el cuadrado). Stonehenge guarda esta proporción: si inscribimos el círculo interior en un cuadrado, ese cuadrado equivale a la cuadratura del círculo exterior. 


Aprende a cuadrar el círculo. No podrás hacerlo de forma exacta, pero puedes encontrar métodos aproximados más que aceptables. El cielo en la tierra, hasta donde se pueda…

Éstos son unos pocos ejemplos de los conocimientos matemáticos de quienes construyeron Stonehenge. Hay mucho más, especialmente en torno a la astronomía. ¡Seguramente hay un montón de cosas que no sabemos aún!